La afición choca convirtió el Centenario 27 de Febrero en una fiesta durante el Juego 5 de la Serie del Rey; pese al marcador adverso, miles de seguidores despidieron a la novena tabasqueña con orgullo y confianza en la remontada.
El campeonato de la Serie del Rey todavía está en disputa, pero este domingo quedó claro que hay algo que los Olmecas de Tabasco ya conquistaron: el corazón de su afición.
El Estadio Centenario 27 de Febrero se vistió de verde para recibir el quinto juego de la gran final ante los Toros de Tijuana. Desde horas antes del encuentro, familias, jóvenes y seguidores de todas las edades comenzaron a llenar las tribunas con camisetas, gorras, banderas y todo tipo de artículos alusivos a la novena tabasqueña.
Matracas, trompetas, silbatos y porras hicieron del inmueble una auténtica fiesta beisbolera. La tradicional “sucursal del manicomio” volvió a demostrar la pasión que caracteriza a la afición choca, que pese al marcador adverso mantuvo intacta la ilusión de ver nuevamente a los Olmecas levantar el trofeo de la Serie del Rey.
Para los seguidores, esta participación va mucho más allá de un resultado. Es orgullo, identidad y la posibilidad de volver a escribir una página histórica del beisbol tabasqueño.
Malvino Rodríguez Pérez, de 70 años y originario de Jalapa, quien sigue a los Olmecas desde los 15 años, destacó la entrega mostrada por el equipo durante la temporada.
“Este equipo está haciendo historia, porque empezaron que parecía que no traían mucho, pero estaban llenos de pasión”.
Micaela Torres, aficionada de Macuspana desde su juventud, también resaltó lo conseguido por la novena tabasqueña y aseguró que el orgullo permanece independientemente del desenlace de la serie.
“Independientemente del resultado, es un equipo que ya hizo historia. Hasta donde han llegado, estamos orgullosos”.
Entre las tribunas también estuvo Eladio Hidalgo, quien vivió aquella inolvidable Serie del Rey de 1993 y que ahora acompaña a una nueva generación de aficionados. Para él, respaldar a los Olmecas significa sentirse parte de una historia que ha pasado de generación en generación.
“Me siento representado, orgulloso de este equipo”, expresó.
Desde Villa Parrilla, la joven Margarita Ramírez Caraveo compartió el mismo sentimiento: “Muy orgullosa de los Olmecas”.
Así, el Centenario reunió este domingo a aficionados que han seguido al equipo durante décadas y a jóvenes que apenas comienzan a construir sus propios recuerdos alrededor de la novena tabasqueña. Todos, unidos por los mismos colores y por la esperanza de una nueva hazaña.
El espectáculo tampoco se limitó al terreno de juego. Las familias alentaron durante todo el encuentro y las tribunas se convirtieron en un mosaico verde que acompañó a los peloteros en cada entrada.
El Juego 5 significó también la despedida de los Olmecas de su casa antes de que la serie se traslade a Tijuana, donde la novena tabasqueña buscará mantener viva la posibilidad de conquistar el campeonato.
El título se definirá en el diamante, en una serie a ganar cuatro de siete encuentros. Pero el orgullo de ser Olmeca ya tiene dueño.
Porque mientras la pizarra puede cambiar de un juego a otro, lo que se vivió en el Centenario permanecerá: miles de tabasqueños demostraron que su equipo no está solo, que lo reconocen como parte de su identidad y que seguirán creyendo hasta el último out.
El campeón lo decidirá el beisbol. El orgullo, ese ya lo ganó Tabasco.