Noticias desde Tabasco, donde el río de la información nunca deja de fluir

Artemis II, de efectos fisiológicos en la tripulación: desde cambios en la visión hasta posibles alteraciones en el ADN tras el sobrevuelo lunar.

Compartir

otras categorías

Progreso


La misión espacial Artemis II de la NASA se convirtió en un hito en la historia de la humanidad al marcar el regreso del ser humano al espacio profundo tras más de 50 años, siendo además el primer viaje tripulado en sobrevolar el lado desconocido de la Luna. Sin embargo, más allá del logro tecnológico y científico, esta misión representa un experimento extremo sobre el cuerpo humano.


La tripulación rompió el récord de mayor distancia alcanzada por un vuelo tripulado, alejándose 406 mil 778 kilómetros de la Tierra, recuperando datos invaluables para sentar las bases de la exploración espacial futura.


UN CUERPO DISEÑADO PARA LA TIERRA, PUESTO A PRUEBA


Carol Perelman, Química Farmacéutica Bióloga y divulgadora científica mexicana, advierte que “Artemis II es una misión histórica, pero sin duda también es un reto fisiológico”. El organismo humano está perfectamente adaptado a las condiciones terrestres: gravedad, atmósfera y protección contra la radiación. Salir de ese entorno implica un choque inmediato para el cuerpo.


Fuera de la protección natural del planeta, procesos básicos como la circulación sanguínea se ven alterados. Los cuatro astronautas a bordo de la cápsula Orion salieron de la magnetósfera terrestre, adentrándose en el espacio exterior donde recibieron radiación cósmica de manera constante.


RADIACIÓN CÓSMICA: EL ENEMIGO INVISIBLE


A diferencia de los astronautas que permanecen en la Estación Espacial Internacional, la tripulación de Artemis II se adentró más allá de la magnetósfera, quedando expuesta a niveles de radiación mucho mayores.


“Esta radiación puede ser muy nociva para el cuerpo humano y sin duda puede tener un impacto agudo en ese momento, pero también puede tener impacto a largo plazo, y eso es lo que vamos a ver”, afirmó Perelman.


Los efectos inmediatos incluyen náuseas y mareos, pero la preocupación científica va mucho más allá: posibles cambios en el ADN y en los tejidos del organismo. Estudios previos indican que la tasa de mortalidad por enfermedad cardiovascular en astronautas que viajaron a la Luna es cuatro a cinco veces mayor que en quienes nunca realizaron viajes espaciales, cuya tasa es del 9%, o quienes permanecieron en órbitas bajas terrestres, con un riesgo del 11%.


Los datos recabados durante esta misión serán clave para entender cómo preparar al cuerpo humano para las futuras misiones que buscan llevar astronautas de regreso a la superficie lunar.

Vía: El Universal / Nasa

Visita también

Notas relacionadas

Visita también

otras categorías