Desde temprano, familias decidieron surtir la mesa en esta temporada y las largas filas no se hicieron esperar, como la señora que viajó desde Macuspana hasta la Central de Abasto de Villahermosa, con la esperanza de encontrar pescado fresco y, de paso, apoyar a la gente que vive de la pesca.

Entre pasillos llenos de redilas, diablitos y cajas, no fue difícil encontrar el punto al que todos iban: mojarras y ostiones recién salidos del agua. La fila avanzaba y retrocedía, pero nadie se quejaba. La expectativa valía la pena. El pescado lucía fresco, de buen tamaño, y el ambiente era el de un mercado vivo, donde la gente platica, recomienda y comparte.

“Está bonito, está fresco”, decía una mujer mientras elegía tilapias medianas y grandes. Para muchos, no se trataba solo de comprar comida, sino de apoyar lo que se produce en Tabasco. Mojarras cultivadas en comunidades de Centla, Emiliano Zapata, Nacajuca y Cárdenas; ostiones que vienen del esfuerzo diario de pescadores que conocen el río y la laguna como la palma de su mano.

Ahí mismo, entre compradores y vendedores, se dio una escena poco común: el gobernador caminando entre la gente, saludando, bromeando y revisando el producto como cualquier cliente más. Hubo risas, comentarios espontáneos y hasta bromas sobre cuántas mojarras alcanzarían para la comida familiar. Para muchos, fue una sorpresa verlo ahí, en una pescadería, sin protocolo, compartiendo el momento.

“Es pescado de aquí, de nuestra gente”, repetían varios compradores. Algunos llevaban bolsas llenas para freír, asar o preparar caldo; otros comentaban que se enteraron por redes sociales y no dudaron en ir. Coincidían en algo: el precio era accesible y la calidad se notaba a simple vista.

Entre el ir y venir de personas, también se escuchaban mensajes de orgullo y apoyo. Gente del campo y de la pesca que hoy ve cómo su trabajo llega directo al consumidor. Compradores que saben que al llevarse esas mojarras no solo se llevan alimento, sino que ayudan a que la local siga moviéndose.