Este 28 de marzo se cumplen 44 años de la erupción del Volcán El Chichónal, considerado uno de los desastres naturales más devastadores en la historia moderna de México.
La noche del 28 de marzo de 1982, el coloso ubicado en la región norte de Chiapas, entre los municipios de Chapultenango, Francisco León, Ostuacán y Pichucalco, entró en erupción tras permanecer en aparente calma durante siglos. Las primeras explosiones sorprendieron a la población, provocando evacuaciones urgentes y una creciente incertidumbre en la zona.
En los días siguientes, la actividad volcánica se intensificó hasta alcanzar su punto más crítico entre el 3 y 4 de abril, cuando una violenta explosión —con índice de explosividad volcánica 5— generó flujos piroclásticos que arrasaron comunidades enteras en un radio de hasta ocho kilómetros. La columna de ceniza superó los 25 kilómetros de altura, dispersándose por gran parte del país e incluso alrededor del mundo.
Localidades como Nicapa y Chapultenango quedaron prácticamente destruidas. El saldo fue devastador: entre mil 900 y dos mil personas fallecidas, cientos de heridos y más de 20 mil desplazados, lo que lo convierte en el peor desastre volcánico registrado en el país.
Especialistas han señalado que antes de la erupción se registraron señales de alerta como emisiones de gas, sismos y cambios térmicos; sin embargo, estas no fueron atendidas oportunamente debido a la falta de sistemas de monitoreo y coordinación en materia de protección civil.
Este evento marcó un antes y un después en la gestión de riesgos en México, al sentar las bases para la creación del Sistema Nacional de Protección Civil en años posteriores.
A más de cuatro décadas de la tragedia, el Volcán El Chichónal continúa siendo considerado activo, aunque actualmente se mantiene en relativa calma. No obstante, especialistas mantienen su monitoreo constante ante cualquier posible reactivación.