La exenfermera oncológica Sarah Mullally, de 63 años, fue entronizada este miércoles como arzobispa de Canterbury, convirtiéndose en la primera mujer en más de 1,400 años en liderar la Iglesia de Inglaterra.
La ceremonia, realizada en la Catedral de Canterbury, marca el inicio formal de su ministerio público como cabeza espiritual de la Comunión Anglicana, una comunidad global que agrupa a más de 100 millones de fieles.

En su primer sermón, Mullally reconoció de manera directa los fallos históricos de la Iglesia frente a los casos de abuso, dirigiéndose a las víctimas y sobrevivientes, a quienes aseguró que serán escuchados. Este mensaje fue interpretado como un intento de marcar una nueva etapa en una institución que ha enfrentado fuertes críticas por su manejo de estos casos.

Su nombramiento ocurre en un momento complejo para la Iglesia anglicana, que atraviesa tensiones internas por temas como la inclusión, el papel de las mujeres en el liderazgo religioso y la necesidad de reformas estructurales. En este contexto, su llegada representa tanto un símbolo de cambio como un desafío para mantener la unidad dentro de una comunión diversa y global.
Antes de su carrera eclesiástica, Mullally se desempeñó como enfermera, incluso en el ámbito oncológico. Fue ordenada sacerdotisa a los 40 años, en una etapa en la que la Iglesia comenzaba a abrirse a la ordenación de mujeres, y desde entonces ascendió hasta ocupar cargos de alta responsabilidad, como el de obispa de Londres.
Con su entronización, Mullally no solo rompe una tradición de siglos, sino que asume el liderazgo en un momento clave, en el que deberá equilibrar las demandas de modernización con las posturas más conservadoras dentro de la Iglesia.
Su gestión será observada de cerca tanto por fieles como por críticos, en medio de expectativas de cambio, justicia para las víctimas y una renovación profunda de la institución.
Fuente: The Guardian; Fotos: Reuters